Si aumento de peso, es porque tengo pocos receptores de Dopamina.

El cerebro de la gente obesa parece responder al alimento de distinta forma que el cerebro de la gente delgada, afirman científicos.

Ante un alimento apetitoso, la mente de la persona obesa tiene una respuesta más débil que la de una persona delgada.Según dos investigaciones publicadas en la revista Science, esto sugiere que los obesos comen en exceso para compensar por una reducida respuesta de recompensa.

Es decir, entre menor la recompensa, mayor el consumo de alimentos y más grande el aumento de peso.

Predicción

Uno de los estudios fue llevado a cabo con 43 mujeres de entre 18 y 22 años, y el otro con 33 adolescentes de entre 14 y 18 años.Los científicos pidieron a las participantes que tomaran una malteada de chocolate mientras medían con imágenes de resonancia magnética la activación del llamado estrato dorsal.Ésta es la región del cerebro donde están los centros de recompensa.Los investigadores también analizaron una variante genética particular -llamada TaqA1- que está vinculada a niveles más bajos de dopamina, un compuesto químico cerebral asociado al placer.

Los resultados demostraron que las mujeres que tuvieron una respuesta más débil en los centros de recompensa, fueron las que más aumentaron de peso un año después.

Y la respuesta débil también resultó vinculada al gen que controla la dopamina.

“Este estudio es novedoso porque es la primera vez que usamos la respuesta cerebral al alimento para tratar de predecir el aumento de peso” afirma Dana Small, profesora asociada de la Universidad de Yale, principal autora de uno de los estudios.

“Se creía que las diferencias en la forma como el cerebro procesa la recompensa con alimentos podrían explicar porqué algunas personas, y no todas, suelen subir de peso cuando se come la misma cantidad de calorías”, agrega.

“Y nuestro estudio apoya esa posibilidad porque demuestra una asociación entre una respuesta anormal al alimento y el futuro aumento de peso -señala la científica- y muestra que esta relación depende de nuestra formación genética”.

Recompensa

La dopamina es el principal neurotransmisor en los centros de recompensa del cerebro.El consumo de alimentos está asociado a la liberación de dopamina, y el grado de placer que la persona obtiene al comer se relaciona con la cantidad de dopamina que es capaz de liberar.

Según los científicos, la evidencia demuestra que la gente obesa tiene menos receptores de dopamina en el cerebro que la gente delgada.

Y por eso, agregan, la gente obesa debe comer en exceso para compensar por esa falta de recompensa.

Es decir, entre menos receptores de dopamina, mayor la necesidad de una sustancia de recompensa -como alimentos o drogas- para lograr el mismo efecto de placer que otras personas pueden obtener con menos comida o drogas.

Los investigadores creen que estos estudios podrían conducir al desarrollo de tratamientos o fármacos para evitar la obesidad.

“Nuestros resultados demuestran que los individuos cuya respuesta de recompensa es más débil están en riesgo de un aumento de peso poco saludable” señala el doctor Eric Stice, del Instituto de Investigación de Oregón, quien dirigió el otro estudio.

“Es posible que futuras intervenciones psicológicas o farmacológicas ayuden a corregir este déficit de recompensa para prevenir y tratar la obesidad”.

“Y eso es algo que estamos ahora persiguiendo con nuestras investigaciones”, expresa el experto.

Tomado de: BBCMundo.com

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Café y chocolate, placeres saludables?

Aunque hasta hace bien poco las recomendaciones relegaban al café y al chocolate a la lista de los alimentos prohibidos, las evidencias muestran que pueden tener un efecto protector en cantidades moderadas y dentro de una dieta equilibrada en pacientes sanos, según explica Vicente Pascual Fuster, médico de familia del Centro de Salud Palleter de Castellón, a propósito del taller Chocolate y café: placeres cardiosaludables, que imparte en el congreso.

“Los flavonoides, componentes del cacao, pueden jugar un papel de protección en la prevención del riesgo cardiovascular”, explica Pascual. “El cacao debe consumirse en el contexto de una alimentación sana y moderada, pues no hay que olvidar que 100 gramos de chocolate equivalen a 500 calorías”.

Además, hay que ser cauto al dar recomendaciones a la población, ya que no se trata de “incentivar de forma desaforada el consumo de chocolate”. Por eso, en el taller también se enseña a interpretar el etiquetado de los alimentos, para elegir los que se adaptan a un perfil más saludable, con un alto contenido en cacao y sin grasas añadidas y azúcar.

Moderación
Tanto el café como el chocolate si se consumen con moderación en el contexto de una actividad física y una alimentación equilibrada pueden ser beneficiosos.

“Las elevaciones de presión arterial que produce el café son leves y transitorias, y en los últimos estudios epidemiológicos se ha visto que los consumidores no tienen una mayor mortalidad cardiovascular” y sí una menor prevalencia de diabetes, ya que parece que los polifenoles que contiene producen un efecto protector al antagonizar la absorción del azúcar tras la ingesta.

“Tenemos que insistir a los pacientes en que deben comer mejor. En la base de una buena prevención cardiovascular está una buena alimentación. Y ésta se basa en comer de todo. Mantengamos lo bueno que tenemos: nuestros hábitos dietéticos tradicionales de la dieta mediterránea”, huyendo del patrón de alimentación anglosajón, tan de moda en la población, sobre todo entre los jóvenes”.

Tomado de Diario Médico.com

Michael Phelps: 8 medallas de oro, 8 huevos diarios.

Así como nos ha dejado anonadados con sus 8 medallas de oro, tambien muchos hemos quedado boquiabiertos al enterarnos de sus hábitos alimenticios.

Desayuno típico : Tres sándwichs de huevo frito con queso, tomate, cebolla frita y mayonesa. Una tortilla de cinco huevos, un plato de sémola. Tres rebanadas de pan francés tostado y tres panqueques con chips de chocolate. En total 8 huevos, (sin contar los que usaron para la mayonesa y los panqueques) 4,000 calorias.

Lo que llama especialmente la atención es la cantidad de huevos que come y fritos además; cuando la mayoría de los atletas de élite no pueden darse esos gustitos y tienen que conformarse con claras deshidratadas cuando comen “huevo”. Esta noticia ha abierto toda una polémica sobre la nutrición de los deportistas.

En fin, la  “Máquina Phelps” como le han puesto, no solo lo es nadando sino también comiendo.

Ortorexia

 

Descrita por primera vez en 1997 por el médico estadounidense Steven Bratman quien durante varios años practicó una dieta estricta, ésta enfermedad puede provocar la muerte por desnutrición.

La ortorexia es la obsesión enfermiza por comer productos saludables.

En los paises desarrollados, donde las necesidades alimenticias básicas están cubiertas, cada vez son más las personas que sufren este tipo de trastorno. Puede acarrear serios problemas físicos y psicológicos a quienes lo padecen, dada la carencia en la ingesta de determinados nutrientes básicos para la salud.

A diferencia de la anorexia o la bulimia, la principal preocupación de los ortoréxicos no es la cantidad de comida que toman, sino su calidad. Son capacas de quedarse sin comer antes que ingerir un producto al que consideran isano. Las pautas de alimentación que siguen estos enfermos son muy variadas. Entre ellos están los frutívoros, que sólo comen fruta y verdura; los crudívoros, que únicamente toman alimentos crudos, y aquellos que no ingieren nada que no provenga del cultivo ecológico para evitar aditivos o herbicidas.

Este estricto régimen dietético, en el que a menudo se excluyen alimentos básicos que provocan problemas de salud: anemia, agotamiento, carencia de vitaminas y minerales, pérdida de masa ósea o un mayor riesgo de infecciones, en el caso de quienes no comen alimentos cocinados.

Una complicación de esta obsesión alimentaria es que la misma condiciona en gran medida la vida social de los enfermos, que evitan incluso salir con amigos por temor a no poder mantener su dieta estrictamente. Y suele darse entre individuos con un buen nivel de educación y un alto poder adquisitivo, aunque, con frecuencia, personas recuperadas de la anorexia caen también en la ortorexia.