Cuanto más eficiente es un cerebro, mayor es el cociente intelectual de la persona.

Aunque hay muchas vías científicas para estudiar la inteligencia, la comunidad científica parece no ponerse de acuerdo en la definición más precisa ni sobre qué factores la conforman, Richard J. Haier, investigador del Instituto MIND, de Alburquerque, en Estados Unidos, ha explicado a DM las investigaciones a las que se ha dedicado en los últimos años para determinar qué es la inteligencia y en qué parte del cerebro se produce. “Para mí, la inteligencia son las diferencias individuales en el aprendizaje, la memoria y en el razonamiento. Éstas se pueden medir con test validados de coeficiente intelectual”.

Hace ya 20 años que Haier y sus colegas comenzaron a investigar para determinar qué regiones del cerebro estaban implicadas en la inteligencia. “Utilizamos técnicas de imagen para monitorizar a los pacientes mientras resolvían test de inteligencia. Con el PET observamos cuántas zonas se activaban durante el test. Los resultados fueron sorprendentes, ya que lo que hallamos fue que cuantas más zonas se activaban, peor era la puntuación en el cuestionario. Esto fue una clara evidencia de que lo que hace a una persona inteligente es la eficiencia con la que su cerebro trabaja, no el esfuerzo”, afirma Haier, que ha impartido una conferencia en CosmoCaixa, de la Fundación La Caixa, en Madrid.

Con este punto de partida trataron de averiguar qué ocurre en el cerebro al aprender algo y realizarlo de manera automática. ¿El cerebro se activa más o menos? ¿Pasa a ser más eficiente? Para probarlo realizaron un estudio en el que los participantes jugaron al tetris en ordenadores durante 50 días. Al finalizar el experimento se observó que el cerebro se activaba menos, pese a que el juego era más difícil y rápido. Durante el proceso se ha pasado de utilizar el PET a la resonancia magnética estructural, y así se ha observado que es la activación de diferentes áreas de tamaños muy distintos del tejido cerebral lo que determina el cociente intelectual.

Los caminos
“Esas áreas son diferentes en hombres y mujeres, incluso si ambos grupos tienen el mismo cociente. Lo que significa que el cerebro tiene diferentes formas de obtener un mismo objetivo. Esta es la parte más importante de nuestras investigaciones si lo ponemos en términos de rehabilitación cognitiva tras patologías que dañan la función cerebral”.

Así, tras un ictus podrían existir caminos alternativos para optimizar la rehabilitación cognitiva. Esta es una de las claves de la investigación cerebral actual. Pero también Haier y su equipo plantean hipótesis para mejorar el coeficiente intelectual en personas con puntuaciones muy limitadas, quizá con el aumento de materia gris en ciertas zonas del cerebro, o controlando los factores de crecimiento que regulan la materia gris o la blanca, e incluso mediante el control genético. “Se trata de un proceso biológico; si lo entendemos podremos mejorarlo”.

La importancia de la inteligencia también es esencial para las sociedades, puesto que se relaciona con un aumento en la innovación de cada país. Haier afirma que en España, el cociente más alto lo ostentan unas 430.000 personas. Sólo en China hay 15 millones de personas.

“Es importante comprender las bases cerebrales de la inteligencia para poder apoyar a las personas con un cociente bajo, para entender el proceso de envejecimiento y el momento en el que se pierde parte de la habilidad mental. Estas investigaciones serían útiles en Alzheimer en sus primeros estadios, ya que cuando comienzan los problemas de memoria la patología ya ha progresado. No obstante, parece avanzar más en las mujeres, ya que en ellas se localiza en los lóbulos claves en las que se produce la inteligencia, suelen tardar más tiempo en ser diagnosticadas y su tratamiento es más difícil.

Para Haier, el punto clave de las investigaciones es conocer las diferencias entre los sexos para estudiar el ictus, el daño cerebral, la enfermedad de Alzheimer y el envejecimiento. Sin embargo, aún queda mucho por investigar, y hacerlo es complicado porque es difícil encontrar a pacientes con el mismo daño cerebral a los que aplicar diferentes estrategias.

Mujeres ‘versus’ hombres
El debate siempre está abierto. ¿Son más inteligentes los hombres o las mujeres? Sin embargo, no se trata de eso, tal y como explica Haier, ya que lo que está claro es que “hombres y mujeres muestran diferentes áreas cerebrales implicadas en la misma destreza mental; sabemos que el cerebro tiene diferentes alternativas para llegar al mismo punto, pero aún no sabemos cómo utilizar esas ventajas en cada individuo para ayudarle”, por ejemplo si se producen daños cerebrales. “Si hay algo que la ciencia muestra es que los hombres y las mujeres son iguales en muchos aspectos, y en los que no lo son, en unos los hombres destacan más y en otros las mujeres. No es correcto utilizar la ciencia como base para la discriminación”. Además, la educación y tener más información no hace a las personas más inteligentes, si acaso maximiza su potencial. “Cuando hablamos de entender el mecanismo del cerebro nos referimos a la posibilidad de extender el potencial individual”.

Tomado de Diariomedico.com

Si aumento de peso, es porque tengo pocos receptores de Dopamina.

El cerebro de la gente obesa parece responder al alimento de distinta forma que el cerebro de la gente delgada, afirman científicos.

Ante un alimento apetitoso, la mente de la persona obesa tiene una respuesta más débil que la de una persona delgada.Según dos investigaciones publicadas en la revista Science, esto sugiere que los obesos comen en exceso para compensar por una reducida respuesta de recompensa.

Es decir, entre menor la recompensa, mayor el consumo de alimentos y más grande el aumento de peso.

Predicción

Uno de los estudios fue llevado a cabo con 43 mujeres de entre 18 y 22 años, y el otro con 33 adolescentes de entre 14 y 18 años.Los científicos pidieron a las participantes que tomaran una malteada de chocolate mientras medían con imágenes de resonancia magnética la activación del llamado estrato dorsal.Ésta es la región del cerebro donde están los centros de recompensa.Los investigadores también analizaron una variante genética particular -llamada TaqA1- que está vinculada a niveles más bajos de dopamina, un compuesto químico cerebral asociado al placer.

Los resultados demostraron que las mujeres que tuvieron una respuesta más débil en los centros de recompensa, fueron las que más aumentaron de peso un año después.

Y la respuesta débil también resultó vinculada al gen que controla la dopamina.

“Este estudio es novedoso porque es la primera vez que usamos la respuesta cerebral al alimento para tratar de predecir el aumento de peso” afirma Dana Small, profesora asociada de la Universidad de Yale, principal autora de uno de los estudios.

“Se creía que las diferencias en la forma como el cerebro procesa la recompensa con alimentos podrían explicar porqué algunas personas, y no todas, suelen subir de peso cuando se come la misma cantidad de calorías”, agrega.

“Y nuestro estudio apoya esa posibilidad porque demuestra una asociación entre una respuesta anormal al alimento y el futuro aumento de peso -señala la científica- y muestra que esta relación depende de nuestra formación genética”.

Recompensa

La dopamina es el principal neurotransmisor en los centros de recompensa del cerebro.El consumo de alimentos está asociado a la liberación de dopamina, y el grado de placer que la persona obtiene al comer se relaciona con la cantidad de dopamina que es capaz de liberar.

Según los científicos, la evidencia demuestra que la gente obesa tiene menos receptores de dopamina en el cerebro que la gente delgada.

Y por eso, agregan, la gente obesa debe comer en exceso para compensar por esa falta de recompensa.

Es decir, entre menos receptores de dopamina, mayor la necesidad de una sustancia de recompensa -como alimentos o drogas- para lograr el mismo efecto de placer que otras personas pueden obtener con menos comida o drogas.

Los investigadores creen que estos estudios podrían conducir al desarrollo de tratamientos o fármacos para evitar la obesidad.

“Nuestros resultados demuestran que los individuos cuya respuesta de recompensa es más débil están en riesgo de un aumento de peso poco saludable” señala el doctor Eric Stice, del Instituto de Investigación de Oregón, quien dirigió el otro estudio.

“Es posible que futuras intervenciones psicológicas o farmacológicas ayuden a corregir este déficit de recompensa para prevenir y tratar la obesidad”.

“Y eso es algo que estamos ahora persiguiendo con nuestras investigaciones”, expresa el experto.

Tomado de: BBCMundo.com

¡Viva la diferencia!.

...gracias Maitena

Por Hannah Hoag
De New Scientist

Se sabe que ambos sexos piensan muy distinto, pero hasta ahora se lo atribuía a las hormonas sexuales o a las presiones sociales que hacen que hombres y mujeres se comporten de una manera determinada. En general, se creía que la arquitectura básica del cerebro y sus funciones principales eran las mismas para ambos sexos.

Sin embargo, cada vez se cuestiona más esta idea. La ciencia está comenzando a mostrar que el cerebro masculino y el femenino se forman a partir de distintos programas genéticos, lo que provoca una gran cantidad de diferencias anatómicas. Existen también diferencias en los circuitos cerebrales y en las sustancias químicas que transmiten los mensajes entre las neuronas. Todo esto apuntaría a concluir que no existe un único cerebro humano, sino dos.

Y esto les está dando un dolor de cabeza a los neurocientíficos. La mayor parte del conocimiento disponible surge de estudios sobre el cerebro de animales machos y voluntarios masculinos. Conocer en qué se diferencian las mujeres ayudaría a explicar algunos de los misterios científicos que aún existen, como por qué los hombres y las mujeres tienden a sufrir distintos trastornos mentales y por qué algunos fármacos dan resultado en un sexo y no en otro.

Cada vez es más evidente que el hipotálamo es apenas el comienzo de la historia. Para empezar, los tamaños relativos de muchas estructuras internas del cerebro femenino son distintos de los del cerebro masculino. En un estudio realizado en 2001, el equipo dirigido por Jill Goldstein, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, midió y comparó 45 regiones cerebrales en mujeres y hombres saludables. Los autores hallaron que partes del lóbulo frontal, que alberga las funciones de toma de decisión y solución de problemas, eran proporcionalmente más grandes en las mujeres que en los hombres. Lo mismo ocurrió con la corteza límbica, que regula las emociones.

Otros estudios hallaron también que el hipocampo, que participa en la memoria de corto plazo y en la navegación espacial, es más grande en las mujeres que en los hombres, lo que sorpresivamente les otorgaría la mala reputación femenina en la lectura de mapas.

Memoria y emoción

En los hombres, en cambio, las áreas cerebrales más grandes incluyen la corteza parietal, que procesa las señales de los órganos de los sentidos y regula la percepción espacial, así como también la amígdala, que controla las emociones y el comportamiento social y sexual. “El hecho de que una estructura sea de distinto tamaño sugiere una diferencia en la organización funcional”, dice el neurobiólogo Larry Cahill, de la Universidad de California en Irvine.

Cahill halló evidencia de que el sexo influye también en cómo se utilizan algunas regiones cerebrales. En ensayos con estudios por imágenes, el investigador les mostró a grupos de hombres y mujeres una imagen emotiva; luego, les pidió que recordaran lo que habían visto.

Hombres y mujeres utilizaron la amígdala, un par de conjuntos neuronales del tamaño de una almendra que forman el sistema límbico. Pero los hombres recurrieron al lado derecho de la amígdala, mientras que las mujeres usaron el lado izquierdo. Es más: cada grupo recordó distintos aspectos de la misma imagen. Los hombres recordaron las generalidades de la situación, mientras que las mujeres se concentraron en los detalles. Para Cahill, esto indica que los hombres y las mujeres procesan la información emocional de distinta manera y mediante distintos mecanismos.

Lo mismo ocurriría con los circuitos cerebrales utilizados para reducir el dolor. Existe evidencia sólida de que las mujeres y las hembras padecen más dolor que los hombres y los machos.

Anne Murphy, de la Universidad de Georgia, en Atenas, está tratando de descubrir por qué el dolor crónico afecta más a las mujeres que a los hombres. Aunque aún no existe ninguna respuesta demasiado clara, los trabajos de Murphy lograron resultados muy interesantes. Las mujeres tienen conexiones más densas entre algunas áreas cerebrales que se activan para suprimir el dolor.

Todavía es muy temprano para cualquier afirmación, pero si las mujeres poseen un circuito de control del dolor distinto del de los hombres, eso explicaría las diferencias sexuales en la respuesta a los opiáceos. Las mujeres obtienen más alivio con la nalbufina (un analgésico opiáceo) que con la morfina, mientras que los hombres logran mejores resultados con la morfina que con la nalbufina, que en realidad les aumenta la intensidad del dolor. Estos resultados permitirían diseñar analgésicos más efectivos para las mujeres.

Salud mental

Problemas similares frenaron el desarrollo de la salud mental, otra área en la que existen diferencias entre los sexos.

El diagnóstico de depresión, por ejemplo, es dos veces más frecuente en las mujeres que en los hombres, y sus cerebros producen la mitad de serotonina, neurotransmisor relacionado con la depresión. A principios de este año, Anna-Lena Nordström, del Instituto Carolino, en Estocolmo, Suecia, descubrió que las mujeres sanas poseen una mayor cantidad de un tipo común de receptores de serotonina que los hombres, pero menos transportadores de serotonina necesarios para reciclar el neurotransmisor.

Los hombres serían menos propensos a padecer depresión, lo que no significa que les va mejor. A los niños se les suele diagnosticar más autismo, síndrome de Tourette, dislexia, tartamudez, trastorno de déficit de atención y esquizofrenia de aparición temprana. Margaret McCarthy, de la Universidad de Maryland, en Baltimore, opina que las responsables parciales serían las prostaglandinas, sustancias similares a las hormonas que ayudan a masculinizar el cerebro de los hombres justo antes o después del nacimiento.

La forma en que los hombres y las mujeres consumen drogas es otra área que revelaría las diferencias cerebrales. Mientras que los hombres son dos veces más propensos que las mujeres a consumir cocaína, posiblemente quizá por factores sociales, cuando ellas la prueban se vuelven adictas más rápidamente y se vuelven más resistentes al tratamiento.

Jane Taylor, de la Universidad de Yale, sugirió en 2007 que las diferencias genéticas explicarían el motivo. La experta halló que la adicción se generaba genéticamente más rápido en ratones hembras que en machos, independientemente de las gónadas, como publicó la revista Nature .

Todavía queda mucho por conocer, pero a medida que crece la evidencia sobre los factores relacionados con el sexo que determinan la estructura y el funcionamiento cerebral, debería comenzar el desarrollo de medicamentos más adecuados para la biología femenina. Pero antes se deben identificar las diferencias entre el cerebro de los machos y el de las hembras.

Tomado de: La Nación